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Fantasia y Realidad



Por Rolando y Dorka

Habíamos fantaseado durante mucho tiempo sobre formas de estimularnos y hacernos sentir sexualmente muy bien. Fuimos a una sex shop a ver diferentes artículos creados para dar placer. Nos producía mucha excitación ir a aquella tienda donde nuestra imaginación volaba lejos y recreábamos nuestras fantasías mas locas.

Somos una pareja como todas; en general pasamos los treinta y nos vemos bien físicamente. Nos amamos mucho y sobrepasamos en confianza mutua a muchos de nuestra generación. Cada día nuestros encuentros amorosos agregaban diferentes maneras de hacernos sentir bien y cualquier cosa que hiciéramos podía ser excitante y encontrarle un interés especial.

De repente había surgido entre nosotros una fantasía que sobrepasaba nuestros cuerpos y abarcaba a una tercera persona, en especial pensábamos en un cuerpo de mujer. Deseábamos sentir algo que para nosotros resultaba extremo, nunca antes lo habíamos hecho y eso nos producía un mayor interés en el sentido de todas las nuevas sensaciones que podría reportarnos compartir el sexo con dos mujeres y el placer que mi chica le proporcionaría desde su perspectiva femenina a un cuerpo que como el suyo conocía muy bien. Compartir todo eso con su hombre le era muy fascinante. Ardíamos en deseos de sentir y explorarnos.

Nos imaginábamos a una chica que, a pesar de su experiencia de la vida, tuviera inquietudes supremas en sentir sensaciones que ni siquiera podía haber imaginado. Pensábamos en compartir un cuerpo femenino donde toda nuestra experiencia se volcara a enseñar como disfrutar de los recursos que, ocultos para ella, hasta ese momento se harían realidad con nosotros. Hacerle sentir y desearnos cada instante en que su cuerpo y mente pensara en tener sexo.

Así entramos en la tiendecita de la calle 40, nos fascinaba todos los juguetes y dispositivos, de repente sin darnos casi cuenta notamos que había una chica que nos rondaba y miraba cada cosa que tomábamos en nuestras manos, las prendas de vestir femeninas, los juguetes. Se mantenía a distancia pero hacia gestos que notaban su interés en lo que nosotros observábamos.

Sin darle mucha importancia un poco nervioso no me atrevía a mirar siquiera a la chica, no quería mi mujer pensara yo estaba interesado de alguna forma en aquella chica que casi nos seguía a todas partes. Mi mujer se dio cuenta pero no daba mucha importancia a ello y me desconcertaba mas pues me sentía observado. Fue por eso que decidí pasar de esa habitación hacia otra donde un letrero decía solo para adultos mayores de 18 anos.

Una vez dentro me sentí un poco libre y me dedique a observa junto a mi chica las películas que encajaban dentro de nuestros gustos, mirábamos cada estante y buscábamos en las fotografías escenas de hombre con dos mujeres y comentábamos en voz baja.
Tan ensimismados en nuestro trabajo de buscar lo que queríamos que no nos dimos cuenta casi la chica que minutos antes estaba siguiéndonos fuera ahora estaba justo detrás de nosotros y observaba mas provocativamente cada película que dejábamos en el estante. Casi al unísono nos dimos cuenta que ella mostraba interés en nosotros, le gustábamos y quería algo mas que un acercamiento.

Ella por sus facciones no parecía latina, más bien era americana, rubia, pelo corto, mediana estatura, cuerpo manejable, senos pequeños, cintura estrecha y nalgas normales. Se movía con cierta sensualidad y en un instante sin pedir permiso paso por detrás de mí y rozo sus nalgas con mi mano quedando dos segundos mis dedos entre sus piernas. Sentí el calor que desde muy íntimo manaba y me estremecí y no dije ni hice nada. Mi mujer me miro a los ojos y se puso frente a ella de lado al estante y se agacho a recoger una película que intencionalmente había dejado caer.

Al agacharse sus piernas quedaron provocativamente abiertas y se notaba que no llevaba ropa interior. La chica rápidamente capto el detalle y se acerco a mi mirándola a ella y llevando su mano hacia mis entre piernas apretó ligeramente pero firme mi pene mientras su mano derecha se introducía entre los senos de mi mujer que aun agachada su cara quedaba justo entre las piernas de la chica.

Mi mujer enseguida sintió el olor a perfume caro que manaba de entre sus piernas, le pareció excitante y se deleito oliendo y profundizando con su nariz muy dentro entre sus piernas.

Era ya tarde en la noche, casi la hora de cerrar la tienda, las 1: 55 AM, la única vendedora sin darse cuenta que éramos los últimos clientes se disponía a terminar por ese día las ventas. La chica nos llevo sigilosamente al probador y mientras bajaba mi pantalón había tumbado encima de una pequeña mesa a mi mujer quedando ella de espalda a nosotros, sus dedos de pronto encontraron la vulva húmeda e hirviente y mi pinga que como una roca salía del pantalón.

Nos masturbaba a ambos, sabia lo que hacia y mi chica queriendo ver que pasaba detrás de ella se viro esta vez sentándose con las nalgas ligeramente echadas hacia adelante, esta vez los dedos de la gringa resbalaban en el clítoris empapado de mi mujer y esta extasiada se movía en frenesí gozando de esos dedos tan ligeros que le producían sensaciones tan intensas. Le encantaba ver como esta mujer masturbaba a su hombre y a ella al mismo tiempo.

Estaba casi al llegar al orgasmo y la halo del brazo y tomándola por la cabeza se la llevo al clítoris, la chica mamaba con locura y su lengua daba el toque especial que a mi mujer le encantaba. Estaba ocupada en mi mujer y le quite el pantalón sus nalgas quedaron al desnudo frente a mi y mi mujer me dijo: -métesela en el culo-; en un instante mi pinga se encontraba a la entrada de su ano y se la introduje despacito sin apuro, mi glande sentía cada anillo del esfínter anal de la chica y una vez toda adentro la chica comenzó a moverse gozando cada milímetro de esa pinga. Mi mujer ya no pudo más y en breve se escucho sus quejidos anunciando un orgasmo brutal y como un cuerpo en estertor moribundo convulsionaba su vulva en la boca de la gringa.

Rápidamente se incorporo y colocándose debajo de ella entre sus piernas localizo el clítoris y se dispuso a lamerlo con la idea de provocarle un arrebato de sensaciones anales y en el clítoris mientras su mano pellizcaba el pezón izquierdo y lo apretaba haciendo huir la sangre y llenarse nuevamente. Una mano libre la guió hasta mi pene, lo sujetaba y sentía como me movía de afuera a dentro del culo de la chica, le excitaba sentirlo, era como si ella misma guiara un vibrador para hacerla sentir en el cielo. De repente su mano cambio y esta vez comenzó a acariciarme mi ano muy superficialmente y después con sus dedos dentro mió seguía el ritmo de mi cabalgada dentro del culo de la chica. Fue maravilloso todas las sensaciones que sentía. La gringa no pudo mas y se vino en un grito, seguidamente ocurrió algo inusual, un chorro de orine salio de su vulva salpicando a mi mujer, le seguí dando en el culo esta vez con mas fuerza y la gringa se meaba mas y mas. Fue increíble.

Mi mujer con mucho fuego empujo a la gringa y me grito: - métemela duro cono que quiero venirme muy rico- y me abrió sus nalgas mostrándome su culo dispuesto a recibirme, - métemela así mismo dale ¡- mi pinga aun con restos del sexo con la gringa se introdujo con fuerza en este culo, el que me gusta a mi y mi mujer chillaba como una gata y gemía como una leona de placer por sentirse poseída por su macho.

La gringa en gesto de complacencia besaba las tetas de mi mujer con caricias como acariciando a quien recibe un castigo fuerte, le besaba el cuello le frotaba el cuerpo. La estaba gozando y disfrutaba de tocar y ver sentir a ese cuerpo que con tanto placer le resultaba ser castigada por el culo. Mi hembra le dijo chúpamelo ¡ y la chica sin entender casi pero comprendiendo que quería se abrazo a sus caderas dándole el placer de sentir sus labios y su lengua en una inconfundible sensación de satisfacción. La fantasía de mi mujer estaba allí: -sentirse penetrada por su hombre mientras una mujer le daba la sublime satisfacción de sentir sus labios y lengua chupando su clítoris y otras partes de su cuerpo exploradas por las manos de la chica-

Me acosté sobre el piso y mi mujer con la pinga aun entre sus nalgas, estando en cuclillas se adaptaba a la intensidad y penetración que deseaba mientras la gringa sentada en mi cara también en cuclillas me restregaba su vulva entre mis labios, ambas se tocaban los senos y se acariciaban dándose placer entre ellas mientras sentían llegar sus orgasmos. Se vinieron al unísono abrazadas. Un poco después mirándolas así muy juntas sintiendo aun los espasmos del culo de mi mujer me dispuse a venirme y llenárselo de leche. Fue una explosión donde sentí que la vida me abandonaba o me la arrebataban de golpe, aun ahora mi mujer recuerda esos gritos, muestra de placer, dolor, abandono y locura.

En eso, la dependiente haciendo su rutina de chequear el local, entro al vestíbulo y nos vio desnudos, yo aun dentro de mi mujer. Ellas abrazadas, ambas se incorporaron y en complicidad se abalanzaron sobre la chica de unos 23 anos. La tomaron por los brazos y al principio un poco confusa rehusaba pero al ver la ansiedad y sentir el olor a sexo que rodeaba el aire se sintió como extasiada y poco a poco cediendo a las caricias la desnudaron y se apoderaron de su cuerpo como poseídas por un incontrolable deseo lujurioso de hacer y provocar sexo.

La dependienta se estremecía y por momentos quería irse de modo que la colocaron sobre un dispositivo como un columpio que la dejaba con las piernas muy abiertas, bien sujetadas de pies y manos de modo que le era imposible escapar. Mi chica colocándose debajo de ella comenzó a besarle la vulva mientras la gringa balanceaba el columpio y a cada instante la lengua y los labios la rozaban produciéndole una sensación de premura y ansiedad entre el espacio de tiempo en que estaba o no la boca en la posición de poder tocarla.
Era increíble esa posición, mirarla desde debajo quedaba todo al descubierto: sus piernas muy abiertas abrían su vulva y el culo. Parecía una rosa en el su máximo esplendor. Se les ocurrió algo inusitado tomaron algunos juguetes de la tienda y decidieron usarlos en la dependiente.
Mi mujer tomo uno que tenia unas bolas que comenzaban pequeñas y terminaban del ancho de una pelota de golf y se lo comenzó a introducir en el culo a la chicha mientras la gringa ya se disponía con un vibrador que estremecía tanto la vagina como el clítoris.
Los pezones le pusieron como unos ganchos que apretaban firmemente y en la boca como un pene pequeño con sabor a chocolate sujetado detrás de su cabeza.

Era impresionante ver esa escena donde la chica era masturbada y poseída, chupada manoseada y morbosamente podría decirse violada por dos mujeres que como vampiros sedientas de placer le provocaban orgasmos tras orgasmos.

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