Uno de los grandes descubrimientos que hice por esos días, fue que en el chat del celular había una opción para ubicar gente que estuviera interesada en hablar de sexo o jugar con el sexo telefónico, y como yo estaba en plan de experimentar nuevas sensaciones comencé a participar de estos juegos, una de esas noches conocí a un joven que trabajaba en el ejército, su nombre, José, él me mandaba mensajes eróticos que yo trataba de seguir de la mejor manera posible, al comienzo me costó bastante porque no sabía que decir, pero él me ayudó a relajarme y dejarme llevar por las sensaciones, una noche por fin logré excitarlo mucho, tanto que me llamó a mi celular para decirme que estaba excitadísimo y que lo único que deseaba era estar conmigo, poder acariciarme y recorrer completamente mi piel con su lengua, noté su voz tan excitada que poco a poco me fui calentando y mi mano se dirigió a mi sexo y comencé a masturbarme y a contarle cada movimiento que hacía, él hacía lo mismo, me excitaba mucho oír como sonaba su pene cuando lo frotaba, hasta que no aguante más y tuve un orgasmo que él disfrutó al punto de acabar él también, fue una experiencia muy agradable, pero él quería hacerla realidad y encontré muy excitante tener sexo con alguien que no conocía, así que le dije que cuando anduviera en el centro me llamara por si acaso podíamos hacer algo... y así fue.
Fue una semana en que la secretaria se había tomado unos días libres, mi jefe andaba en el gimnasio y el junior tenía hora con el dermatólogo, o sea que tenía la oficina libre para mí durante dos horas, José ya sabía de todo esto y a las 14 hrs estuvo puntual en la entrada del edificio, cuando le avise que ya todos habían salido, lo esperé junto a la puerta, él no tocaría el timbre, sino que golpearía tres veces, al oír los golpes abrí, nos miramos, sonreímos, cerré la puerta y me besó, empujándome contra el pilar del hall, metió su mano bajo mi falda negra y sentí como se aceleró su respiración al sentir que lo esperaba sin ropa interior, sus dedos abrieron fácilmente los labios de mi vulva y comenzó a frotar mi clítoris, mientras tanto, yo desabrochaba mi blusa para que pudiera chupar mis pezones que se encontraban muy duros debido a lo excitante de la situación, mis manos se abrieron paso entre su pantalón hasta alcanzar su pene que ya se encontraba muy erecto, me deslicé hacia abajo por el pilar hasta que mi boca quedó a la altura de su miembro, lo tomé entre mis manos frotándolo suavemente mientras mi lengua hacia círculos en su glande, los dos estábamos muy excitados, tanto así que le pedí que me penetrara, entramos en la sala de reuniones, me tiré sobre la alfombra mientras el se ponía el condón, luego se puso sobre mí y me penetró con fuerza, rápidamente, mis pechos se sacudían muy fuerte con cada nuevo empujón, él pellizcaba mis pezones haciéndome gritar de placer hasta que ambos acabamos, fue demasiado increíble, duró poco tiempo pero estuvo muy bien, ambos quedamos satisfechos y es que la calentura había sido demasiada.