Por Kanayón
OPERACIÓN SECRETA
Hola, gente de donde sea… Soy instructor deportivo de un colegio que va desde Zinder hasta bachillerato; y desde hace 6 años (tengo 21 en el cole, y 41 de edad) soy el jefe del departamento deportivo. La cancha (techada) del colegio queda en la parte posterior y debajo de las gradas de un lado hay baños y vestidores, mientras que al otro lado están los depósitos y mi oficina, donde además tengo una camita para reposar y un baño personal, con una ventaja adicional, que es se puede acceder a la misma tanto por dentro como directamente desde afuera.
La coordinadora de primaria, Alicia, una mujer divorciada (su ex se fue de Maracaibo con una exalumna para Margarita), al igual que yo pasa casi todo el día en el colegio, trabajando y planificando en su oficina, que está al otro extremo del edificio. Tiene dos hijos: Hermes, una chamo de 12 años adicto al básquetbol y alero principal de nuestro equipo, y Clarita, una dulzurita de 9 años, quienes se quedan también. Mientras Hermes entrena y juega en la cancha, Clarita (que casi siempre anda con su hermano) para no fastidiarse esperándolo suele irse a mi oficina y me acompaña.
Como es tan cariñosa y juguetona, se me sienta en el escritorio, o en las piernas, o brinca en la camita. Cierta vez, estando en mi escritorio llegó ella, se me metió entre el mismo y yo, entre mis piernas, me abraza y besa saludando. Yo le digo “Clarita, cómo estás creciendo”… “Sí, dijo ella, ahora estoy más grande… mira que el mono ya me aprieta, ¿quieres ver?”. Respondí: por supuesto, vamos a ver…
Se retiró un poquito y con sus manitas estiró hacia mí la liga del mono, dejando ver su panty rosadita con dibujitos de hellow kitty, lo que me aceleró la circulación… y la excitación se despertó en mí. Siguiéndole la corriente tome con una mano la liga y la estiré aun más, bajando un poco para ver mejor su panty, mientras comencé a sobarle en el vientre las marcas del mono. A ella le agradó y m,e pidió que siguiera sobándola “asíííí…. riquito” decía con suavidad. Luego le dije “oye, vamos a ver esta otra liga” tomando con la derecha la liguita de su panty y estirando tanbién hacia mí y hacia abajo, descubriendo una hermosísima y tierna cuquita de niña inocente, sin vellos y asomando pícaramente unos intocados (hasta entonces) labiecitos que me terminaron de excitar.
Ella no sólo no se opuso, sino que me dijo “hay, aquí también me marcó la liga”… pidiendo que la sobara allí también. Entonces le dije: Clarita, como tu doctor que soy (se lo dije picándole el ojo) debo curarte pero en el cuartito, en la cama, donde te debo hacer una operación secreta… Clarita se sonrió, yn poniendo su índice sobre sus labios me dijo “Shhhhh, entonces no le decimos a nadie”… Comprenderán que me puse a mil. La cargué hasta la cama, en el camino se quitó los zapaticos y cuando la paré en la cama ella solita se quitó la franelilla del mono mientras yo le quitaba en pantalón; luego se tiró de espaldas y levantando hacia mí las piernitas me dijo “las medias”, y se las quité besándole con dulzura su piececitos. Así pude ver cómo Clarita se quitaba el panty, dejándome ver de nuevo y en todo su esplendor su preciosa cuquita; terminando entonces de sacarle su panty.
Se volvió a parar en la camita y me dijo: “OK, opérame… soy tu paciente”. Entonces la acosté y me arrodillé a su lado, besando las marcas de las ligas mientras haciéndome el loco le puse una mano justo en la raja de su cuquita… Ella reía y pedía más. Seguía dándole besos en el vientre mientras mi dedo se deslizaba en su rajita ya humedecida por la excitación, pues Clarita ya respiraba con jadeos de placer. Seguí así, bajando mis besos cada vez más hasta que comencé a besarle la rajita húmeda, y ella abrió instintivamente sus piernas, dándome espacio para darle su primera mamada de cuquita. Le fui metiendo mi lengua por su cuquita, moviéndola con ansias sobre su clítoris, cada vez con más velocidad…
De repente, respiró con jadeos más entrecortados y acelerados, mientras todo su cuerpito se estremecía y vibraba en lo que fue su primer orgasmo, en el que además pegaba griticos “Ah, ah, ah, ah, ah, ah”… Y soltó enseguida unos chorritos de orina en mi boca, para luego desahogarse en un profundo suspiro y después se relajó. Ya más calmada, se sentó mientras le secada su cuquita recién despertada al placer sexual, pidiéndome perdón por no haberse aguantado el pipí que me echó… Yo la tranquilicé diciéndole que eso es así, que no importa, y que es lo que indicaba que la operación había sido exitosa. Se quedó otro rato desnuda, esta vez sentada a caballito en mis piernas y abrazada a mí, con un abrazo bien arruchadito y apretado, mientras le sobaba sus nalguitas y le besaba toda su carita, incluso la boquita con “piquitos” de labio (no besos de lengua).
Al rato me dice, tiíto, ya tu me viste desnuda… ¿puedo verte yo a ti?... porque siento una cosa dura debajo de tu mono… Yo le respondí “Está bien”. Se bajo, me paré frente a ella y me bajó el pantalón de mono y los interiores, quedando a su vista mis 17 cms de pene. Clarita al verlo abrió los ojos y la boca de admiración. Se acercó y le puso una manita encima, tocando su dureza. Luego le tomé su mano, la puse alrededor (parcialmente, claro) de mi palo (así lo llama ella, le dice “el palo secreto”) y la enseñé a masturbarme. Para eso me acosté y ella, sentadita a mi lado siguió dándol hacia arriba y hacia abajo, suave y decididamente… Clarita me dijo entonces “Ahora yo te hego a ti una operación secreta, ¿verdad?”. Sí, le respondí con las bolas a punto de explotar. Me pregunta ahora “¿Y tú también te vas a hacer pipí?, para que no me lo eches encima”. No, mi cielito, le dije. Ahí va a salir una especie de lechita espesa; si te cae en la mano te la limpias con la sábana.
Al fin, entre jadeos y placer, Clarita me terminó de hacer la paja más rica de mi vida; saliendo mi leche disparada. Parte le cayó en la mano con que me pajeó; y antes de que yo se la limpiara, ella se la llevó a la boca y se tomó un poco, saboreándola. Luego me dijo: “esa lechita tuya es simple y babosa, no me agrada mucho”… Le dije “bue… yo no te dije que la tomaras”. Nos limpiamos, estuvimos un rato más acostados y desnudos. En eso me pregunta “Tiíto, si guardamos el secreto ¿podemos seguir jugando a la operación secreta cada vez que me venga a pasar las tardes contigo?”… No cabía en mi emoción y respondí, besándola con todo mi cariño, “Claro queso, mi Clarita consentida”… Y aún tengo ese placer dos a tres tardes por semana…
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