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Cuando abrí las piernas y la boca



Por Erick

Como abrí las piernas y la boca
Ya llevaba algún tiempo jugando jueguitos arriesgados con un primo, acercándome cada vez más al temido/deseado momento de ser desvirginada. Y no lo fui antes por la paciencia y novias de él. De besitos pasamos a enredar las lenguas, de abrazos pasamos a cachondeo abierto, a pasarme las manos inicialmente sobre la ropa, después por abajo a las rodillas y muslos, de ahí saltó as los pechos (Huumm que rico cuando comenzó a pellizcarme los pezones) y bajó a las nalgas.
Finalmente, lo dejé meterme los dedos por el coño… ¡Que delicia! Si antes lo hubiera sabido… lo forzo… Y ahí nos estacionamos por un tiempo; grandes dedeadas y venidas en cines y coches. Para entonces ya sabía cómo era acariciarle la verga. Y ya me sentía bien de estar semi-encuerada y de piernas abiertas en lugares en que podía ser vista, como en auto-cinemas, cines, estacionamientos, calles, etc.
Pero como muchas mujeres de mi generación, finalmente le dí las nalgas en un lugar clásico: En un autocinema, y fueron dos veces: Una de inauguración sentada en el asiento trasero y otra de confirmación, arrodillada en el piso, de a perrita. Las dos veces entró como con mantequilla.
Y a partir de ese día fue la gran joda, parecíamos conejos, era solo tener alguna posibilidad, que sin pensar le daba las nalgas. Muchas veces fue en la calle, él tenía un Fiat 600, y descubrimos lo que muchos europeos también sabían, que levantando los asientos delanteros, había un espacio estupendo para meter, o sentados, a veces é abajo y yo arriba de espaldas. O yo debajo de piernas abiertas y el de frente. Por ese tiempo comenzamos a trabajar y ya pudimos ir a moteles, mucho más cómodo y seguro, aunque no tan emocionante.
Curiosamente, fue en los cines que aprovechando mis jugos, con los dedos me lubricó y desvirginó el culo. Como me agradó, no dije nada, después en los moteles, entre el coño y el descanso, primero me metió una zanahoria no muy grande, después una mayor y finalmente la verga… Una verga no muy larga, pero gruesa.
La boquita fue difícil. Como había aprendido que eso era sucio, no lo podía aceptar, pero entre juego y juego, entre metida y metida, se fue aproximando, me fue colocando el palo cada vez un poco más cerca de la boca, cuando ya no decía nada de tenerlo en los cachetes, un día se me ocurrió decirle: Si tú me lo haces, yo lo hago… Más tardé en decirlo que mi primito ya estaba clavado entre mis piernas saboreando mi chucha.
Y se volteó… no tuve más remedio que aceptar chuparle la pija. Me supo raro, salada, pero aguanté y así fue mi primera mamada.
Y aprendí: Unos días después, estábamos circulando despacio por un terreno vacío, pensando en donde parar para echar un palito, yo ya tenía su tranca en la mano y me pasó el brazo sobre los hombros. Para su sorpresa (Tiempo después me dijo riéndose) sin decir nada, me bajé y lo mamé. Se volvió rutina entre los preliminares o los intervalos. Esa vez no se vino. Prefirió por el mamey.
Probé la porra unos tiempos después. Estábamos circulando en un VW, una prima iba manejando y me pasé al asiento trasero. Sin hablar, nos pareció inadecuado joder, así que me bajé a mamarlo, y completó… no supe que hacer, pero no tenía opciones, tuve que comérmela. No me supo mal. Y también pasó a ser una alternativa de meter.

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Gracias a Erick por enviarnos el relato.
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