Por Rosa
Hola, mi nombre es Rosa, tengo 41 años y quiero contaros mi experiencia sexual con mi hijo de 14 años y sus dos amigos, un día que vinieron a casa a jugar en la siesta.
Ese día mi marido y mi hijo de 7 años fueron a casa de su abuela, y mi hijo Daniel y yo nos quedamos en casa, a esas alturas mi hijo solo piensa en estar con los amigos, y decidimos quedarnos.
Acabábamos de terminar de comer, cuando llamaron a la puerta, me levante y vi que eran dos de los amigos de mi hijo, entraron y estuvimos en el salón hablando un poco.
Ellos recudieron jugar a las cartas y yo me puse a recoger, en mi casa el salón y la cocina están uno enfrente del otro y desde allí se ve todo y más con la ayuda de la pantalla de la televisión apagada.
Yo no sé que tramarían pero las risas y las miradas eran incesantes, yo llevaba una camiseta blanca sin sujetador y una falda corta por encima de la rodilla.
He de decir que mi figura no esta mal, mido 1,70 peso 59 kilos y hago ejercicio dos o tres veces por semana.
Su juego se fue calentando, pues pasaron de apostarse el pasar por debajo de las sillas a acercarse a la cocina donde yo estaba fregando los platos y darme un beso en la mejilla.
Después se apostaron el tocarme el culo, cosa que hicieron los tres sin problemas, se acercó mi hijo el primero y me toco el glúteo por encima de la ropa y salió corriendo, el segundo fue Carlos, se me acerco y también salió corriendo cuando me toco el culo, y Miguel hizo lo propio, pero la cosa fue a mayores pues decidiera repetirlo pero metiendo la mano por dentro, en esta ocasión fue Miguel el primero y se me acercó y después de beberse un vaso de agua, metió rápidamente la mano y toco mi culete, al juntarse rieron mucho, luego fue mi hijo, que se quedo con la mano pegada un par se segundos.
Terminé de fregar y me senté en el sofá, siguieron jugando, sin parar de mirarme continuamente.
Yo encantada de gustar a unos mozalbetes, separaba minimamente las piernas y sabia que veían mis braguitas rojas, las miradas cada vez fueron más descaradas.
Una de las bazas se apostaron quitarse la camiseta, cosa que deseaban y tras ello me propusieron darme un masaje.
Acepté, fuimos a mi cama y me tumbé, me dijeran que sin camiseta, me lo pensé dos veces pero al final me la quite con sumo cuidado de que no se me viera nada, me tumbe y vi como se les salia los ojos al ver la zona exterior de mis pechos.
Mi hijo me dijo que le dejara quitarme la falda, total mis bragas eran grandecitas y no transparentaban nada, me quitó la falda con sumo cuidado, claro al subir mi culo para favorecer que saliera bien la falda no me percaté que ponía el culo en pompa, Miguel me dio una cachetada en el culo, lo bajé y recorrieron mis piernas y mi espalda como unos verdaderos profesionales.
Aprovechando el masaje de las piernas, y delicadamente mis piernas se iban separando cada vez más, estaban deseosos de ver mi chochito, mi hijo comenzó a bajarme la braga, mis glúteos quedarón a la vista, me fije y vi tres chavales empalmados, por no dejar mal a mi hijo permití que me quitase la braga, así podrían luego hacerse unas pajas, últimamente tenia muy claro que mi hijo se masturbaba casi a diario.
Se quedarón perplejos al ver mi chochito, y mi culo al natural, Carlos me sobo el culo entero, besándomelo incluso, las manos de mi hijo buscaban más mis pechos, y Miguel se puso entre mis piernas y copio a Carlos.
Yo no imaginaba lo que iba a ocurrir después, mientras mi hijo tamteaba mis pechos, Carlos me besaba el cuello, noté como Miguel me cogía las piernas y se acercaba cada vez más hasta notar como me penetraba, me quise incorporar pero la resistencia era feroz, al mirar a mi hijo, éste se había desnudado del todo y acercaba su polla dura a mi boca, le mié a los ojos y engullí ese miembro descomunal, lleno de fuerza.
No tardó mucho en correrse en mi boca, tampoco Miguel eyacular sobre mi espalda, Carlos recogió el testigo de mi hijo, mire al otro lado y allí estaba apuntando con su pene hacia mi boca, la abrí y comencé a saborear ese nuevo miembro, en breve y con mucha fuerza en sus chorros salió el esperma hasta inundar mi boca, yo trague sin problemas, ellos se tumbarón a mi lado, recuperarón el aliento y se fueron a la calle a seguir sus juegos adolescentes.
Esa noche me entregué a mi marido como pocas veces él recordará. Este juego jamas se repitió, excepto con mi hijo claro.
Un beso a tod@s y seguremos en contacto.
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