Por Erick
Desvirginada y las manoseada en cines
Crecí en una familia conservadora, de clase media y conforme las ideas, asistí a la universidad, graduándome satisfactoriamente. Trabajé y apoyé a mis hermanos hasta que un dia decidí que era hora de hacer algo por mí. Anduve enamorando varios individuos, sin sentir “él” especial, varios me hicieron cosquillas por aquí y por allá, sin alcanzar el gol, y hago constar que yo no ponía mucha resistencia. Llegó inesperadamente, y desde el inicio ya fue diferente, era más atrevido y audaz en las propuestas.
Me invitó a viajar, y acepté, sabiendo que sería mi estreno, y así fue, de inicio hice el charme adecuado, pero ya en la primera noche me puso la verga para mamar, lo que hice obediente e inexpertamente hasta recibir su leche, que al no saber que hacer, me la tragué, sintiendo por primera vez el sabor delicioso de la porra.
Y a seguir, fui desvirginada. Felizmente muy bien cogida.( ¿O se dice bien jodida?
De regreso, jodíamos en todos lados: en elevadores, en la sala de mi casa (con mamá durmiendo en el cuarto vecino), en autos, en fin, en todo lugar razonablemente propicio.
Ya viviendo juntos, comenzamos con lo atrevido. Y el inicio fue cuando me dejé semi-desnudar en un local de servicio en el auto, permitiendo tranquilamente que el mesero me viera los pechos.
Y progresamos en los cines: Una tarde, sin nada planeado decidimos ir a uno que exhibía una película “de arte”, difícil, por lo que tenía poca gente. Antes de apagarse las luces, él observó que un tipo, sentado lejos en la misma hilera, nos veía insistentemente. Sin decirme nada, me subió la falda a media pierna, acariciándome, lo usual. El tipo se aproximó a unos 5 lugares.
Al apagarse las luces, me subió más la falda y el tipo se sentó a dos lugares de mí. Ahí me di cuenta y murmuré: ese tipo se ha estado acercando… Si, ya lo había visto. (Con eso me quedé quieta, esperando y ya sin asistir la pantalla) Agregó: Siéntate más al borde y abre las piernas. Obedecí y colaboré para subirme la falda lo más posible.
Así, con una mano acariciaba las piernas y la otra la deslizó por el hombro para abrirme la blusa y descubrir los pechos. ¡Esa era la señal que el tipo esperaba! Sentándose junto, viendo directamente las tetas, comenzó a rozarme suavemente la pierna con el dorso de la mano, y pasó a los muslos, para llegar a la panocha sin mucha tardanza.
Para entonces yo ya estaba ardiendo. ¡Tenía un hombre cachondeándome una teta, una pierna y la chucha, y otro la otra otra mitad. Entre los tres, quedé sin calzones, con la falda a la cintura, la blusa toda abierta, sentada al borde y de piernas muuuuy abiertas, prácticamente ofreciendo el coño. Y con una verga dura en cada mano…
Mi maridito me pidió que me volteara, dándole las nalgas para cogerme, lo hice y no tuve otra opción más que comerme la otra verga, no muy grande, pero robusta y sabrosa.
Esa fue la primera vez, después, ya sabiendo cómo era, lo hicimos muchas veces, y descubrimos que en ciertas salas, de mañana, era mejor en la parte de arriba. Primero entraba como si estuviera sola y buscaba un lugar con asientos desocupados de cada lado. Mi marido llegaba poco después, como si me hubiera visto al entrar, y se sentaba cerca para gozar mis puterías. ¡Ahhh, como comí vergas! De todos tamaños, colores y sabores. Muchas veces estuve como conté antes, pero con dos vergas desconocidas, otras varias esperando turno, y otros asistiendo desde la fila siguiente. Era vuelta y vuelta, para un lado y otro, mamando uno y dedeada por otro… y vuelta, descubrimos que los tipos se turnaban. Terminaba cuando decidía salir.
Fué muy bueno