Mujer ardiente



Por Zafiro

Habían quedado en casa de él para cenar, la velada transcurrió tranquila. Cerca de las 11 pm, luego de un par de copas ella se disculpó y dijo que no podía quedarse más rato.

Él insistió que se quedara, pero de nada sirvió, un poco frustrado la dejó marchar.

Ella se retiró no sin antes tomar de la mesilla del salón el juego de llaves que guardaba ahí.

Bajó a la cafetería de enfrente y esperó el tiempo suficiente, calculando encontrarlo ya metido en la cama.

Abrió con cuidado la puerta y se coló hasta la habitación en el umbral de la puerta, ya frente a él, que la miraba atónito, se despojó del abrigo y quedó solo con un neglillé negro, zapatos a juego y un ligero negro.

Él no salía del asombro, jamás esperó esa sorpresa y más aún no conocía esa parte de ella, sexy y salvaje a la vez.

Se metió bajo las sábanas y comenzó a meter su pene en la boca, que estaba erecto con solo verla vestida así.

Cuando quiso acariciarla, le tomó ambas manos y lo ató, acercó una silla frente a la cama y comenzó a despojarse pausadamente de las minúsculas prendas que llevaba.

Miraba como sus ojos se salían de sus órbitas e intentaba soltarse.

Comenzó a tocarse, meterse sus dedos primero en la boca y luego en su vagina, los metía y sacaba repetidamente tanto en su vagina como su boca…. Él estaba en éxtasis.

Subió a la cama y le puso su sexo mojado en la cara, mientras ella metía de nuevo ese pene que parecía estallar en su boca, lo lamía, chupaba y jugaba con su punta.

Luego cambió de posición y se dedicó a acariciarle y lamerlo por completo.

Él le pedía que lo soltara y ella respondió:

-“Esta noche serás mi esclavo y te dejaré exhausto”-

Metió su pene muy erecto en su vagina y lo cabalgó salvajemente, cuando sentía que casi eyaculaba lo sacó y comenzó el juego de nuevo, estimulando por otras partes de su cuerpo, metiendo su pene entre sus pechos grandes y firmes que parecían volcanes a punto de hacer erupción, este juego sexual lo controlaba aumentando el delirio y el placer que él sentía en ese momento, cuando pensaba que pronto estallaría el juego se pausaba y vuelta empezar.

Jadeaba tanto y retorcía de placer y ansías por poderla tocar, hasta que ella se acercó le dio un beso prolongado su soltar su pene, que estaba en un punto sin retorno, lo metió en su vagina y la estallido se produjo, llenándola de abundante néctar caliente que recorría sus muslos.

Soltó sus manos y abrazados durmieron luego de una noche intensa en que comenzó a descubrir la mujer la salvaje que tenía a su lado.



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