HERMOSO SUEÑO CON MI SOBRINA ANGELICA



Por JUANON

HERMOSO SUEÑO CON MI SOBRINA ANGELICA

Angélica es una hermosa muchachita de apenas dieciséis años con un enorme culito que me ha provocado muchas noches de desvelo con tan solo imaginar sus intimidades.
Ella me abordó cuando salía de la casa.
Tío, invítame a dar una vuelta al centro.
Por supuesto, preciosa, vámonos, le dije.
En el camino íbamos platicando de cosas triviales, pero de repente se me acerca al oído y me dice que anoche soñó conmigo.
Me platico que soñó que tomó mi verga entre sus manos, mientras que acerqué mi lengua y lamía el glande, luego el tronco con mucha suavidad de arriba abajo.
Sabía perfectamente como le gustaba que me lo hiciera. Volví a ascender por el tronco hasta el glande y finalmente me lo introduje en la boca me dijo.
Su cara era el perfecto dibujo del placer; tenía la boca abierta, gemía y sus ojos estaban medio cerrados tratando de mirarme, mientras yo hacía de su pene resbalara por el interior de mi boca una y otra vez, rodeaba el glande con mi lengua, lo saboreaba y volvía a hacer que resbalara hacía dentro y hacia fuera. Sentí como poco a poco el miembro se hinchaba anunciando la llegada del máximo placer y me suplicaba:
- Tómate toda mi leche, no desperdicies ni una sola gota, dijo que así lo soñó.
Y así lo hice, tragué el caliente líquido tratando de que no se me escapara nada. Me sentía feliz, feliz por proporcionarle aquel placer a mi amado, feliz por haberle sentido dentro de mí, feliz por todo y porque en mi corazón la esperanza de recuperarle estaba ahora más cerca que unas horas antes. Cuando se quedó quieto, me limpié los labios y me puse en pie.
Ese relato me calentó y se da cuenta que mi verga estaba parada.
Ella también estaba muy caliente cuando acercó sus labios a los míos y me besó, tratando de introducir su lengua en mi boca. Y acabé cediendo y buscando su lengua para juguetear con ella, lamerla y sentirla dentro de mi boca. Sentí su mano moverse desde mi pierna hasta mi entre pierna, y acariciar verga.
Angélica, no deberíamos.
Traté de decirle cuando nuestras bocas se separaron. Su mano se metió entonces por dentro de mi trusa en busca de su objetivo, mientras su boca volvía a besar mis labios.
Un intenso calor ardía dentro de mí, y resistirme a aquella belleza se me hacía cada vez más difícil, sobre todo porque ella lo ponía cada vez más difícil.
Salté al sentir el contacto de su delicada mano sobre mi erecta verga, y en ese momento supe que ya nada podría pararme, que el objetivo a alcanzar aquella noche sería poseer a aquella hermosa criatura. Y me dejé llevar.
Nos acostamos en la cama, mientras finalmente, me atrevía a abrazarla contra mí. Deslicé mis manos hasta el cierre del sujetador y lo desabroché. Se lo quité cuidadosamente y pude observar la belleza de aquellos pequeños senos. La acosté boca abajo y los observé, los acaricié cuidadosamente.
Acerqué mi boca y los besé, los lamí y devoré como si hiciera meses o años que no hacía aquello. Angélica gemía excitada mientras trataba de quitarme el calzón, lográndolo con gran maestría. Mi boca se deleitaba con el sabor que aquel tierno cuerpo. Deslicé mi mano derecha hasta su sexo, aparté las braguitas y pude comprobar que su sexo estaba húmedo, así que seguí acariciando aquel jardín secreto, pasé mi dedo por sus labios vaginales, busqué el clítoris y empecé aplicando un movimiento rotatorio sobre él. Si pequeña sobrina gemía y ronroneaba excitada, lo que hacía que yo me excitara cada vez más, deseándola sin remedio.
Seguidamente sentí como besaba mi glande, como lo lamía con su húmeda y caliente lengua, y como lo engullía y empezaba a chuparlo como el más sabroso de los helados. A pesar de su juventud, Angélica parecía una experta chupando vergas, era evidente que no era la primera vez que hacía algo así. Sentir su boca caliente y húmeda alrededor de mi pene me llevó casi al borde del orgasmo, pero la hice parar y le pedí que se acostara.
Era mi turno, así que me perdí entre sus piernas, le quité sus calzoncitos, y apareció ante mí, un sexo totalmente depilado y húmedo. Angélica abrió sus piernas, dejándome acceder más fácilmente a su sexo. Acerqué mi boca y empecé a lamer suavemente sus labios vaginales, busqué el clítoris y empecé a lamerlo, a chuparlo y a succionarlo, deleitándome con aquel dulce sabor de mujer joven que apenas ha dejado de ser niña. Ella gemía y se estremecía presa del placer. Mi pene estaba cada vez más duro, más deseoso de entrar en el húmedo sexo femenino, incluso empezaba a dolerme.
Así que me puse sobre mi dulce dirigí mi pene hasta la femenina vulva, y muy despacio la penetré, introduciéndome en ella poco a poco. Empecé a moverme también lentamente, mientras ella me rodeaba con sus piernas y me apretaba contra sí. A partir de aquel momento sólo existimos ella y yo. Sus labios besando los míos, sus manos acariciando mi torso, su lengua enredándose con la mía, su piel pegada a la mía, su dulce sonrisa, y su voz gimiendo sin descanso en cada embestida que yo le imprimía. Nuestros cuerpos enredándose en una locura, porque aquello no dejaba de ser una locura. Pero el deseo y el placer del momento no me dejaban dilucidar la locura que estaba cometiendo.
Sentí que iba a correrme, por lo que empecé a empujar con más fuerza y en pocos segundos, también ella empezó a correrse, gimiendo y arañándome la espalda. Entonces me dejé ir y terminé corriéndome yo también.



Más Relatos Eróticos



Relatos Eróticos

Autosatisfacción
Confesiones
Control Mental
Cybersexo
Dominación
Fantasías
Fetichismo
Filial
Gays
Lesbianas
Infidelidad
Intercambios
Interracial
Jovencitas
Maduras
Maduros
No Consentido
Orgías
Primera Vez
SadoMaso
Sexo Anal
Sexo Oral
Transexuales
Voyerismo
Zoofilia
Otros