Por Egon
Estrenando
Fue sin prisa, yo ya tenía 21 años y había pasado por varios novios sin perder el quinto, no los dejaba tomarse muchas libertades, manoseaditas, sí, pero nada más. Lo que yo no había calculado fue era la llegada a la ciudad dos años antes de lo que estoy contando, de un primo, este primo cabrón se me fue metiendo, poco a poco, primero comenzó con caricitas románticas, manitas y cosas así, luego nos besamos y decidimos ser novios escondiéndonos de la familia, aunque esa misma situación nos facilitaba encontrarnos fácilmente. Terminamos, pero seguimos viéndonos.
En varios meses, el pendejo (¿Pendejo o pendeja?) muy suavemente comenzó a avanzar en las caricias, de los abrazos y cintura, pasó a las caderas, y a las rodillas. Lo frenaba, y avanzaba, así fue yendo de las rodillas a los muslos, y del cuello a los hombros. Hasta que el necio llegó a mis pezones y nalgas. El tamal le costó algo más de tiempo, pero finalmente me metió los dedos.
¡Y descubrí que era riiiicccooo!! Y como siempre seguí la regla de que: Terreno tocado, terreno conquistado. El baboso también lo entendió así, y no paró.
Así nos pasamos otro tiempo, cada uno con sus novios(as), y a las dedadas en cines, auto-cinemas (Cuando se podía, por la hora era más difícil) y drive-inns. Y en mi casa cuando a mi mamá se le ocurrió irse casi todos los días de visita con una tía. Ya sabía que mi mamá salía y una media hora después, llegaba el cuzco de mi primito a meterme la mano por todos lados. Dejé de ver telenovelas, y en cambio, aprendí a ser alisada, besada y chupada en pezones, muslos, nalgas y siempre se “resbalaba” a la chucha para terminar.
No lo dejaba cogerme, pero en esas transas, aprendí también a agarrarle la verga, y sentirla dura y latiendo, loca para metérseme.
Finalmente un bello día, me dice en privado:
-¿Quieres salir mañana después de la comida? Acepté y agregó
-No le digas a nadie…
Al otro día nos encontramos como combinado, y sin decir nada, comenzó a dirigir. Poco después entramos a… ¡un motel! En mi país, motel es para transar, no para dormir.
Me quedé quieta, esperando, y sin decir nada, entramos al cuarto, que tenía una pequeña antesala. Ahí nos sentamos y comenzó la agarradera. En vez de los reclamos habituales, esta vez me quedé callada, aceptando toda la cachondeada y manoseándolo. Sin decir nada dejé que me quitara la blusa y el sostén, y pronto los siguió la falda, su camisa y pantalones.
Me dice:
-Vamos a pasarnos a la cama.
-Bueno, pero ¡No me voy a quitar las pantis!
No respondió nada y ya acostados, dos minutos después estábamos desnudos y yo sin reclamar. Era la primera vez que estábamos así.
Pensando en no dejarlo metérmela, me acosté de bruces, sin dejarlo meterme el nabo por la raja.
No reclamó, metió los dedos por mi raja como estábamos acostumbrados y con lo caliente que estaba, me hizo tener la primera venida.
Sin detenerse, y aprovechando mi “muerte chiquita” de nuevo intentó montarme, pero fui más rápida y le puse una mano en el camino. Yo sabía que no me forzaría, y no lo hizo.
Lo que yo no esperaba era lo que hizo:
-Cariño, ya estamos muy avanzados, estamos en un motel, encuerados y calientes. Tú ya te veniste y estás mojadísima. Dame chance de venirme yo también.
Si… pero no en mí… Le dije que no, y etc. etc. Pero me volteó la tortilla, diciéndome:
-Corazón, o me vengo con la mano (tu mano), que no me hace feliz, o me dejas metértela por el chiquito…
-¡Por el chiquito, no! ¡Fuchiii! Además me va a doler… ¡noooo…!
Cuando insistió algo más, comencé a pensar si aceptar, o no. Sentía que si no lo dejaba, me cogería a la fuerza, o se me iría… la idea no me gustaba, pero… tampoco darle mi quinto de oquis… no me parecía una buena.
Pero por otro lado, por mi edad, ya era tiempo de saber cómo era el sexo.
Y decidí aceptar, haciendo algo de tango primero.
-Bueeeno, pero ¿lo haces con cariño?, ¿que no me duela…?
Ni me respondió, me metió varias veces los dedos por la chucha, calentándome más y lubricándolos con mis jugos, como ya lo había hecho varias veces en cines, no fue sorpresa; cada vez los pasaba suavemente por encima del culo, y me metió un dedo, después de varias veces metiendo y sacando, me dijo:
-Ahora serán dos, y los metió. Yo no sentía molestias, al contrario, sentía sabroso. Y sabía bien lo que estaba haciendo porque estaba de espaldas, con las piernas bien abiertas para facilitar, viéndolo joderme.
-Mira, ya tienes tres dedos metidos, me han dicho que ese es el grueso de un palo. ¿Te incomoda?
-Siento ganas de ir al baño…
Ni respondió. Metía y sacaba esos dedos y metía los de la otra mano por el coño (haciéndome ver estrellitas…) Cuando vio que yo ya no me resistía más, me pidió que me volteara, colocándome de a cuatro.
Obedientemente me coloqué como me pedía, sabiendo que le estaba poniendo las nalgas en bandeja. Y sentí como me metía los dedos de nuevo… bueno… pensé que eran los dedos, hasta que me di cuenta que me estaba agarrando las nalgas con las dos manos…
¡El cabrón me estaba metiendo el garrote por el culo! (¿Se dice “culiando”?)
Al pasar la sorpresa, comencé a sentir más sabroso y me concentré en entender que sentía y que estaba pasando.
¡Y así fue mi primer “estreno” (¿cogida así, es ser desvirgada? Yo me sentía todavía virgencita… Virgen por delante y mártir por detrás)
No pensé en ese momento que aún me faltaban otros estrenos de palo, que no tardaron mucho, como tenerlo por la concha (eso sí es ser cogida), por la boca (vulgo “mamar”) y conocer otras vergas.
Pero esas experiencias no me hicieron olvidar mi estreno… por el pendejo de mi primo…