Era una niña muy pequeña pero ardiente como ella sola podía ser, cada día en el cuarto le comencé a enseñar cosa del sexo.
En el periodo de mi niñez, a los 12 años, era un chico normal que vivía en el primer piso de un edificio de cinco pisos. Mi familia estaba compuesta por mis padres. Mi padre era un trabajador de la empresa portuaria y mi madre dueña de casa.
Mis hermanos seis años mayores que yo, tenían sus actividades laborales que contribuían a la economía de la casa.
En el piso tercero vivía una familia compuesta por los padres u dos pequeñas niñas de unos seis y siete años quizás. La Mayor de ellas Mariela, era una chica un poco quizás más atrevida que el común de las niñas de su porte y edad.
Se había hecho muy amiga de mi, porque recuerdo que era tiempo del mundial de futbol y una gaseosa de marca mundial, hacia su propaganda en sus tapas ponía los escudos de los país participantes en el, y yo los juntaba con ahínco, pues quien lograra juntarlos todos le regalaban pasajes a la final de ese campeonato mundial
Mariela me veía siempre cambiando esa tapitas con los escudos con otros niños de mi edad, entonces ella me regalaba de vez en cuando algunos escudos que yo no tenia, entonces yo en agradecimiento le subía los tres pisos a su casa departamento en andas, en mis brazos como se lleva a un bebe.
Allí le metía mis manos entre sus piernas como si no quisiese hacerlo, casi disimuladamente. Pero ella creo le excitaba esa situación. Tanto era así que cuando la dejaba en el tercer piso, sin decir nada y con unos ojitos achinaditos, me tomaba la mano como para que no me fuese y sin decir nada la tomaba nuevamente en mis brazos y la paseaba un poso en el piso y le metía nuevamente mi mano en su ente piernas.
Esta situación se repetía constantemente, casi a diario. Un día paso mi intención mas allá de lo acostumbrado y metí mis manos en su blusita y acaricie sus incipientes pechos, que creo era solo unos pequeños puntitos de pezones, Sin embargo mi excitación fue algo que nunca había sentido y vi como Marielita sentía lo mismo.
Al comienzo de la escalera del primer piso había un cuartito muy pequeño, de un metro por un metro creo, en el cual el seños que hacia el aseo tenia allí una silla y unas escobas que utilizaba para el aseo del edificio. El tenia siempre con llave ese cuartito, pero como yo era su amigo y allí guardábamos también la pelota de futbol que ocupábamos los fines de semana para jugar los partidos con los amigos en la cancha de atrás del edificio, yo poseía una copia de las lleves.
Un día, pensé que pasaría si me iba allí con Mariela a seguir con nuestro jueguito de caricias, y pensé si la pequeña aceptaría ir. Vencí mi miedo y un día la tome de la mano la lleve al cuartito, saque el candado y la hice entrar en el. Ella no puso resistencia como sabiendo a lo que íbamos ha hacer.
No le dije nada me senté en la silla que allí había y la puse sentada en mis piernas abiertas sobre las mías y mirándonos de frente.
Comencé a besar su boca mientras metía mis manos en su pequeño culito por debajo de su calzón. Ella se dejaba acariciar y daba pequeños gemidos de placer.
Introduje mi mano en su vagina y metí un dedo en ella, lo que produjo que mi pequeña princesita diera un suspiro tan profundo que puso mi pene muy erecto.
Ese día comencé a experimentar sensaciones que jamás había tenido nunca y ella a sentir el gusto de las caricias mas intimas. Al momento nos fuimos de allí y la subí como de costumbre al tercer piso en mis brazos, al dejarla ella me dio un beso en la boca y solo dijo que esperaba que mañana fuésemos nuevamente al cuartito.
En la noche pensé cuanto me excitó eso y el deseo de meterle mi pene en su vagina era indescriptible. Así que me hice la idea de hacerlo la tarde siguiente.
Al salir a la calle el día siguiente en la tarde vi como Marielita andaba con una pequeña faldita y me mira desde lejos. Ella sabia que lo que hacíamos era algo que nuestros padres reprocharían y era muy sigilosa en el asunto entre ambos.
Vio que yo me fui solo al cuartito y al rato llego. Le pregunte si alguien le había visto.
Me contesto que no.
Entonces sin que dijiese mas, cerré la puerta y rápidamente le baje su calzoncito, dejando a mi disposicion toda su pequeña vaginita. Abrí mi pantano y de golpe salio mi pene ya erecto. Ella lo mira con asombro y le tomo sus manitos diciéndole que lo acaricie.
Cuando mi pene esta muy duro, la alzo la pongo sobre mi y le levanto sus pieriecitas, su cuerpo se va ataras afirmándose en la muralla. Le `pongo mi pene en la entrada de su vagina y comienzo a tratar de penetrarla.
Cuando le doy mi primer impulso para penetrarla, mi princesita me detiene y preguntó si le dolerá. Yo le digo que no se preocupe que sea una sensación muy rica.
En ese momento sin ninguna precaución por ella le doy con fuerzas y le meto todo mi pene dentro de ella, Da un gran gemido, pero sabiendo que no debía gritar se retiene.
Ella se abraza a mí pero no dejo que se salga mi pene y comienzo a moverme con gran intensidad... Ella llora de dolor pero solo con pequeños gemidos, sin preocuparme de lo que ella sentía sigo en mi movimiento que da un placer infinito que nunca sentí.
Cuando termino mi semen sale con gran presión inundando toda la entre `piernas de Mariela que la deja muy mojada.
Cuando ella ve todo el semen que tenia en mis piernas y su piernas, nos ponemos a lamerla para no dejar rastro de el.
Ella sube su calzón yo mi pantalón, la dejo al comienzo de la escalera y yo me dirijo a mi casa, con el miedo de que los padres de Mariela la descombren y se sepa todo.
Sin embargo nunca se supo lo que esa tarde ocurrió en el cuartito de la escalera...
Los días posteriores Mariela solo me miran y nunca más concurrimos al cuartito. Quizás ella por miedo y yo por haber satisfecho esas ganas locas de hacerlo por primera vez y haber desflorado a Mariela la niña de 12 años mas linda que hasta el día de hoy pienso que Serra de ella.