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Me quedé estupefacto viendo que mi mujer follaba con otro



Por Maxduro

Al ingresar a la librería me quedé estupefacto al ver que mi mujer estaba follando con el técnico de los equipos. Desde ese día, estoy turbado. ¿Qué hago? ¿La perdono?

La historia que voy a narrar es verídica. Por razones obvias, cambiaré nombres de personas y ciudades.

Somos una pareja con dos hijos. Mi esposa es Licenciada en Administración, nacida en Orus, una ciudad de gente muy tradicionalista (dicen que las mujeres de esa ciudad son muy recatadas, pero verán que son tan zorras como cualquier otra), yo soy Arquitecto. Por mi profesión y los contratos que consigo, viajo constantemente de un lado a otro.

En la ciudad en la que ahora radicamos, Carjas, cerca a una Universidad, tenemos una librería con equipos de fotocopiado. La librería, está ubicada en la planta baja de un edificio con acceso directo para los clientes y una puerta lateral hacia el pasillo principal.

Reconozco que he sido un mujeriego empedernido. Donde iba siempre encontraba una buena mujer con quien follar, desde simples secretarias hasta una que otra esposa o hija de algún jefe o contratista de obra. Pero, así como era mujeriego, era también muy celoso. Al pensar que durante mi ausencia, mi mujer podría estar follando con otro, me causaba una sensación extraña, era bronca y algo más, que no podía definir.

Mi mujer también se ponía celosa de vez en cuando, pero siempre puede calmar sus inquietudes (por lo menos eso fue lo que creí). Obviamente se daba cuenta que le ponía cuernos. Una noche durante una reunión social, mi esposa se puso muy celosa y decidió retornar a casa, traté de persuadirle para que desista, pero demostrando mucho enfado respondió que se iba en un taxi. Tuve que dejar la fiesta. En el trayecto nada dijo. Yo me sentía disgustado. Llegando a casa se puso a llorar, había observado que coqueteaba con la esposa de un amigo y surgió la siguiente disputa:

My wife: “Eres un desvergonzado, pierdes el control con cualquier puta, la besas y le sonríes”. “Te fuiste a bailar con esa zorra dejándome plantada, qué crees que soy yo? ¿Te gustaría que yo me comporte de esa manera? Verdad que no? Pero si por casualidad miro a alguien, inmediatamente te enojas!
Mi respuesta: No te hagas a la santa! porque en la librería a cualquier huevón le coqueteas y le atiendes muy lasciva.
My wife: Como de costumbre, inventas cosas para ocultar tus fechorías con esas zorras.
Mi respuesta: Ba!, mejor no me incites a hablar, porque te voy cantar tus verdades!
My wife: A qué verdades te refieres! ¿No soy como esas zorras!
Mi respuesta: Acaso no follaste con el tal José?
My wife: Cuántas veces te voy a decir que no! Te empecinas en esa idea para cubrir tus aventuras!
La discusión, como en otras ocasiones continúo durante mucho tiempo. Enfadado tuve que dormir en el sofá.

Antes de dormir recordé que al concluir mi carrera, mi primer empleo fue en Orus, la ciudad tradicionalista, donde conocí a mi mujer, una morena de rostro atractivo, con un cuerpo bastante bonito y un don innato que agradaba a cualquier hombre. Nos casamos muy jóvenes, con mucho amor y poco dinero. Durante los primeros años de nuestro matrimonio, ya me había follado unas cuantas zorras.

Para mejorar nuestros ingresos, mi esposa trabajó en una empresa constructora. Cierta noche, después de un arduo trabajo, dormíamos, cuando de pronto desperté al sentir que mi esposa me tomó de la mano, se la puso en la vulva y empezó a masturbarse mientras decía lo siguiente: “No José, No José”. Inmediatamente le di un empellón increpando: Oye, con quien me confundes! Despertó sobresaltada y dijo: “Que te pasa porque me empujas”. Con enfado le recriminé: ¡Con quién estabas soñando, quién es ese José, pusiste mi mano en tu concha para que te masturbe, estabas muy cachonda repitiendo No José, no José! Carajo quién es ese José! Responde! Fingiendo mucho sueño respondió: “No papi, no estaba soñando nada”, pero dime que pasó. Volví a narrar lo sucedido, entre tanto ella había recuperado el aplomo. En son de broma dijo: “Ha, pícaro, seguro que tu soñabas y tu conciencia te creo ese sueño”. Afirmando que yo no estaba soñando, insistí en lo que había ocurrido. Todavía furioso le reprendí en estos términos: “Seguro que estás en amoríos con ese cabrón de tu oficina!”. Ella respondió: “¡Ho, no! ese cabrón es casado. Pero, me comentaron que tu andas con esa zorra donde trabajas”. La situación cambió de rumbo y terminamos haciendo el amor muy apasionadamente.

Mientras me la follaba, le pregunté: “Mamita quieres follar con otro? Ella se puso cachonda y respondió “si papi, quiero follar con otro”, pero inmediatamente dijo: “no papi, es mentira”. Sin embargo el “si papi”, me produjo una extraña sensación, Me puse arrecho, intenté chuparle la concha, apenas me permitió lamerle un poco, luego quise cogerla en estilos, solo aceptó que me la tire de parados, luego en estilo perrito y el tornillo, cuando quise follarle con las patas al hombro no quiso arguyendo que le producía dolor. Intenté penetrarle por el ano, pero como en otras ocasiones me rechazó tajantemente.

Pasó el tiempo, con nuestros ahorros logramos instalar una librería con equipos de impresión y fotocopias. Por mi trabajo yo continuaba viajando. Mi esposa se hizo cargo de la librería. Para el mantenimiento de los equipos se le contrató a un técnico. El individuo tenía aproximadamente unos 30 años, con buena estatura y estado físico, parecía ser bastante parco, incluso de mal carácter, pero era muy bueno en el mantenimiento de los equipos, razón por la que decidí mantenerlo en el cargo.

Mis celos, creo que eran enfermizos. Cuando me encontraba de viaje, recordaba con cargados celos y extraños sentimientos los incidentes generados por mi esposa. Toda vez que podía utilizaba mi teléfono móvil para comunicarme con ella (con el afán de controlarle). Hace 6 meses conseguí un contrato en la ciudad de Litos, donde dirijo una obra de miércoles a sábado.

Fue aproximadamente 2 meses atrás, cuando un martes por la tarde debía viajar a Litos. Fui a casa. Mi esposa estaba en bata de baño, arreglándose el cabello. “tengo que viajar” le dije. “Si lo se, yo debo ir a cerrar la librería” me respondió. Preparé mi maletín de viaje, comí algo ligero y me fui a la Terminal de buses.

En la Terminal, me informaron que debíamos esperar, porque había algún problema en la vía. Ya era aproximadamente las 21 y el viaje parecía poco probable. Razón por la que decidí no viajar.

Al salir de la Terminal, mi reloj marcaba las 21:50, tomé un taxi rumbo a casa. En el trayecto, recordé que mi esposa cerraba la librería a las 10 de la noche. Le pedí al taxista cambiar de dirección. Al llegar a la librería ví cerrada la puerta principal, pero desde adentro se escuchaba música y se filtraba una luz tenue. Ingresé por el pasillo principal del edificio y a medida que me acercaba a la puerta lateral de la librería, resonaba la música. Abrí la puerta, no había nadie, la librería estaba con pocas luces encendidas. Al fondo, tras los escaparates, se hallaba la oficina y la caja. Me asusté, pensando que alguien ingresó a robar. Sigilosamente fui avanzando hacia la oficina y escuché fuetes gemidos de mujer. Sonreí pensando sorprender en pleno acto sexual a una de las empleadas de la librería.

Ocultándome tras un escaparate, saqué mi cabeza para atisbar. En ese instante me quedé estupefacto al ver que el técnico se la estaba follando a mi mujer. La sorpresa me dejó atónito, atisbé nuevamente, mi esposa con los brazos extendidos sobre el escritorio gemía más que una puta, el técnico le bombeaba vigorosamente al parecer por la concha. Luego de unos minutos la recostó de espaldas sobre el escritorio, el individuo le abrió las piernas, metió sus dedos en la vulva, le chupó la concha, mi esposa parecía ser otra, nunca la había visto tan cachonda, “dame, dame de una vez” le pedía a gritos. El tipo le levantó las piernas, las puso en sus hombros y se la clavó hasta el fondo.

Yo seguía perplejo y aturdido observando que mi mujer follaba ardientemente con otro. Gemía, con una mano se frotaba los senos, con la otra frotaba su clítoris y gritaba: “así, así, quiero más, mete todo, quiero más!”. Parecía a punto de correrse, el tipo sacó su verga, metió nuevamente sus dedos en su sabrosa y peluda concha, con su líquido vaginal le lubricó el ano, le puso de cuatro y le introdujo toda su verga, penetrando en sus intimas entrañas en las nunca tuve la satisfacción de sentir un orgasmo. Mi mujer estaba tan arrecha que no opuso resistencia, al contrario, la muy zorra gemía disfrutando intensamente su desvirgada anal. Saqué mi teléfono movil y les tomé varias fotos.

Realmente estaba tieso, turbado o aturdido, no sabía que hacer. Era un momento de total ofuscación, quería intervenir, pero no podía. Instintivamente mi mano apretaba mi verga recontra dura. La situación me había sobre excitado. Recién entonces me di cuenta que mis celos se debían a que subconscientemente quería verla a mi mujer follando con otro.

Sigilosamente volví a salir. Esperé unos instantes, calculando que estarían terminando de follar. Al re ingresar di un portazo y dije fuerte: “Hola, he vuelto, se suspendieron los viajes”. Pausadamente me aproximé al escritorio, mi esposa visiblemente nerviosa y sorprendida se arreglaba presurosamente la falda. Fingiendo nada haber visto le dije: “Y, porqué estás con la librería cerrada a solas con este individuo?”. Mi esposa respondió asustada: “Esperé que termine el mantenimiento a los equipos, pero ya ha concluido, podemos ir a casa”.

En el trayecto nada le dije, mi mujer parecía sospechar la situación. Llegando a casa pedí a mis hijos que duerman. Encerré a mi esposa en nuestra habitación, asustada, me dijo: “qué te pasa papi”, saqué mi teléfono movil, mientras le decía: “Eres una gran puta zorra, te hiciste follar con el técnico”. Me pareció que quería negar, no le di oportunidad incriminándole: “carajo, tomé fotos, quítate las bragas, puta de las siete calles”. No quiso. La tendí en la cama y le arranqué unas bragas muy sensuales que nunca la vi usar. Efectivamente estaban húmedas de semen. Al verse descubierta, me abrazó llorando y me dijo: “papito, castígame si quieres pero perdóname, no se que me sucedió, pero tu tienes la culpa, ayer te vi pasear muy feliz con Verónica, todo el día estuve pensando habias follado con esa zorra. Perdóname papi, yo estaba sola con el técnico, revisábamos un equipo y no se en que momento sentí que tocó mi nalga, luego quise vengarme y perdí el control”. En ese instante, su confesión me hizo sentir culpable.

A continuación le dije: “Pero, no porque yo me haya comportado de esa manera tu vas ha hacer lo mismo!” No puede ser, y continúe: “además seguramente no es la primera vez, habla zorra gran puta, cuantas veces me pusiste los cuernos!” No contestó, lloraba repitiendo: “perdóname papi, te juro que nunca más”. Tomé mi teléfono móvil y le mostré: “mira, mira carajo, mira como te hacías follar”. Al ver la foto, mi pija otra vez se puso dura, sentía furia y excitación al mismo tiempo. Extraje mi pija y la metí en su boca, “chupa gran puta zorra, conmigo no querías coger por el culo, ponte de cuatro carajo, te voy a tirar por tu culo de puta” le dije. Con bronca le di un escupitajo en el ano y clave mi verga, mis sentimientos eran una gran mezcla de bronca y de gran arrechera al mismo tiempo.

Poco a poco se fue apaciguando mi furia dando paso a frenéticos abrazos y besos motivados por las imágenes en la que vi a mi mujer follando con otro como una experta puta. La acomodé al borde del catre y me la follé con las piernas apoyadas en mis hombros. Mientras me la follaba, le pregunte varias veces: “así te haz hecho culear no puta?”. En principio ella no respondía, hasta que le dije: “mamita, al verte follar con otro me puse muy arrecho”, ella abrió los ojos con sorpresa, a continuación metiendo y sacando mi verga en su concha, penetrando en sus entrañas y golpeando con fuerza con mi pubis en sus nalgas que todavía las conservaba muy bellas, le dije: “Haaa, reinita mía, me ha gustado verte culear con otro”. Creo que esa confesión la encendió tanto, que empezó a disfrutar intensamente la cogida. Cundo iba a estallar nuevamente le pregunté: “mamita, te ha gustado hacerte follar con ese huevón?”, ella se hallaba en el clímax, jadeando con gran arrechera respondió: “siii papito, me ha gustado mucho”. Su respuesta me excito muchísimo más y terminé con un orgasmo que jamás había sentido.

Esa noche, ya mas calmados, le pregunté cuantas pijas se había comido. Muy tímidamente me confesó que había tenido relaciones con unos ocho. Deduje que fueron más, llegando a la conclusión que mi mujer es una gran zorra mojigata. Comprendí que como a toda mujer de verdad, le encanta follar, pero no solo conmigo.

Desde ese día, la comprendo y la quiero mucho más, pero estoy perturbado. Pienso que durante mis viajes ella continuará follando con otro, o tal vez con otros ¿Qué hago? ¿La obligo a acompañarme? Sin embargo, cada que veo las fotos haciéndose tirar con otro, mi pija se pone dura como piedra, y hago todo lo imposible para volver rápidamente, no solo con ganas de cogermela, sino también con la idea de sorprenderla nuevamente con otro. Pero si eso ocurre, esta vez será diferente.


Moraleja: NUNCA PIENSES QUE A TU MUJER SOLO LE GUSTA TU PIJA.

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