El tabernero



Por Claudio

Una mala racha en mi vida me hizo aceptar un trabajo mal pagado, pero que me ayudaba a subsistir en el día a día.

Empecé a trabajar de camarera en un bar de pueblo al que sólo acudían los viejos del lugar a tomar sus vinos y a jugar a las cartas.

El tabernero, mi jefe, me obligaba a vestir con ropa ligera, vestidos de tirantes, camisetas ajustadas, escotes pronunciados... según él eso atraía a la clientela, pero yo sospechaba que lo hacía para su propio regocijo.

Un día haciendo inventario en el almacén del bar, entró de improvisto cerrando la puerta tras de sí, yo me giré al verle y permanecí en silencio. Él se acercó directamente y me introdujo un dedo en la boca "chupa" me ordenó y yo obedecí, no debí darle pie, pero temí perder el único trabajo del que dependía económicamente.

Chupé su dedo, "mírame a los ojos" y yo le clavé mi mirada mientras seguía succionando su dedo. "me la pones muy dura cada vez que te veo", yo paré de chuparle el dedo asombrada por su comentario "sigue, sigue chupando", reanudé mi chupada.... "¿te excita esta situación? no soy tan mayor como parezco", el tabernero tenía 59 años y yo sólo 20, así que para mi era mayor lo mirase por donde lo mirase.

Sacó el dedo de mi boca, desabrochó mi vestido sacando mis pechos y los contempló, introdujo uno de mis pezones en su boca, chupaba con fuerza, los mordisqueaba, casi sentía dolor, pero no quise mostrarlo, jugó con mis pezones como quiso, estrujó mis pechos entre sus manos y con los dientes atrapaba la punta de mis pezones, de mis negros pezones.

Yo no quería, pero la vagina se estaba poniendo húmeda, me estaba excitando sus tocamientos y el saber que aquello no estaba bien.

Una de sus manos se metió por mis bragas y una sonrisa perversa se dibujó en su cara cuando notó lo mojada que estaba "¿Te gusta, verdad que te gusta?", no respondí, no quería estar allí y no debía estar, pero mi excitación y mi miedo a ser despedida no me dejaba marchar.

Me hizo sentarme sobre unas cajas, me quitó las bragas y con sus manos separó mis piernas, tomó un taburete y se sentó enfrente de mi observando como mi vagina quedaba abierta frente su cara, sentí vergüenza y traté de cerrar las piernas... "no, no, quiero verte abierta, quiero explorar tu bulba y pienso meter la lengua hasta donde esta llegue", abrió de nuevo las piernas y siguió contemplando lo que había. Se agachó y su lengua jugó con mi clítorix, sentí una ola de calor intenso y casi dejo escapar un suspiro, pero no quería que él pensara que estaba disfrutando.

La lengua se movía con rapidez, mi clítorix aguantaba las embestidas como podía, estaba cada vez más coloradito y sensible a cada roce, cerré los ojos por un instante tratando de refrenar mi placer, cuando los abrí el tabernero me miraba riéndose de mí, sabía que me estaba poniendo a tope y yo no podía evitarlo, disfrutaba y yo aunque trataba de que no fuera así, él se estaba haciendo conmigo.

Metió dos dedos dentro de mí, los movió suavemente, yo estaba sentada en tal posición que mi vagina y mi ano quedaban a su merced y mis pechos seguían al aire.

"Muévete", lo hice tímidamente "Quiero que te muevas como si mis dedos fueran una polla, quiero ritmo, quiero ver tus tetas agitarse como flanes, MUÉVETE". Empecé a moverme con el ritmo que sus dedos marcaban en mi vagina, mis tetas se sacudían de arriba para abajo, él se reía, se reía con fuerza, sabía que tenía el poder sobre mí y yo era sólo una estúpida.

Hurgó en uno de sus bolsillos y sacó algo, eran unas cuatro bolas unidas por una pequeña cuerda, sacó los dedos de mi vagina y una a una introdujo las bolas en mi cavidad, sólo dejó fuera el extremo de esa cuerda, después se levantó del taburete y se dirigió a uno de los estantes donde había un cajón de fruta, cogió una zanahoria y un calabacín, y tras sopesarlo un poco se dirigió hacia mi con la zanahoria en la mano. Yo seguía allí, sentada sobre las cajas, abierta de piernas, con las tetas afuera y un pequeño hilo colgando de mi vagina

"Esto te va a encantar", escupió sobre la zanahoria varias veces, la humedeció, con las manos extendió su saliva y lentamente empezó a meterla por mi culo, ahí la dejó incrustada, mis dos agujeros llenos. "Bájate de las cajas y pasea por el almacén", apoyé mis pies sobre el suelo y al tratar de caminar me costaba, me sentía llena "Camina" volvió a ordenarme. El almacén no era muy grande, me moví como pude, fuí hacia la puerta y después regresé hacia él "Agáchate", me arrodillé ante él, desde abajo su imagen se me hizo inmensa, era como un gigante, abrió la bragueta de su pantalón y se sacó su miembro "Míralo, este caramelo es para ti" me obligó a abrir la boca y a comérmela.

Mientras chupaba su verga, él me observaba desde arriba y repetía una y otra vez "¿Te sientes llena?¿te sientes llena?", pero yo era incapaz de contestar , su poya llenaba mi boca, además la zanahoria y las bolas seguían dentro de mí y esto me hacía segregar más líquido por mi vagina, estaba muy excitada, mis pezones estaban muy duros.

"Chúpamela, chúpamela" me gritaba "Esta vieja poya te gusta ¿verdad?" yo seguía metiéndomela y sacándola de mi boca ¿qué podía hacer sino? y él empezaba a gemir, parecía que iba a correrse, pero de pronto se echó hacia atrás y sacó de mi boca su poya, me hizo apoyarme sobre una mesa, separó mis piernas, sacó la zanahoria e introdujo su miembro erecto, me cogió por las nalgas y fue marcando el ritmo, me la metía y sacaba con furia, mis pechos se movían dislocados, mientras yo trataba de equilibrarme sobre la mesa apoyando los codos y los antebrazos, él seguía envistiéndome y gritaba "los viejos sabemos meterla, los viejos sabemos meterla", su poya estaba empujando duro, tanto que las bolas dentro de mi vagina sentían sus empujones también, vibraban y era como ser perforada por los dos sitios a la vez, me vino el orgasmo, pero a él parecía no llegarle, seguía empujando y empujando, yo ya estaba escocida, quería que parase, no podía más, pero el continuaba, no pude ahogar mi grito de placer y ahí fue cuando él dio la estocada final, se corrió dentro de mi ano, el movimiento cesó, pero él se quedó dentro de mi unos minutos, reposando, no le veía, pero sabía que desde atrás estaba observándome, era un viejo y me había follado, me había hecho gozar y me había ganado, me había arrancado un orgasmo, un buen orgasmo.

Sacó su poya flácida de mi, se la guardó en su pantalón y sin apenas mirarme se fue hacia la puerta "Termina de hacer el inventario y sácate las putas bolas del coño"



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