Por Amandita
Bueno, todo esto empezó el día que cumplí 15 años. Yo vivía con mi mamá en un pueblecito, mi papá nos abandonó cuando tenía yo recién 6 añitos, y mi mamita no se volvió a casar más.
Ese día me hizo unas ricas tortitas y decidí celebrarlo con mi novio de entonces, Jorgito, que tenía 20 años, aunque a mi mama le decíamos que tenía 17, que ingenua era.
Mi mama nos dejó la casita para nosotros solitos todo el día.
Yo me había depilado enterita, y me había arreglado muy bien. Todas mis amigas ya no era vírgenes y yo tampoco quería serlo.
Me llamó y me dijo que venía tarde, y esperé una hora, pero no vino. Eran las 6 de la tarde y yo estaba muy aburrida y decidí que ya no esperaría más, y justito entonces sonó la puertita.
Yo me asombré de que llegara al fin y corrí a abrir, pero antes de hacerlo, me dije que me tenía que aprontar un poquito más, y me miré al espejo.
Mis medidas eran 100, 70, 95. Mis tetonas estaban escondiditas en una camiseta short, y cogí rápido unas tijeras y la recorté, pensé en que iríamos a hacer y se me marcaron los pezones mucho y me sonreí.
La cinturita la tenía al aire y me bajé más la mini falda para que se me viera el vientre mucho más y las piernitas.
Volvió a llamar y al abrir me desilusioné. Era un señor joven, de treinta años, y muy atractivo, pero no era mi Jorgito.
Noté que se le subía un poco la cosa, porque se notó un bultito.
- ¿Está Amandita?
- Soy yo, ¿quién es?
Él se sorprendió. Dijo: - Soy tu tío Richi, tu mama me dijo que era tu cumpleaños y te vine a ver… pero no te imaginé tan bella.
Yo me reí nerviosa, no sabía que tuviera un tío.
Entonces él se rió también y se me cayeron las llaves al suelo, al agacharme vi como él cerraba la puerta y me giré y vi que se había bajado los pantalones y los calzones y que tenía la polla dura.
¡Y vaya polla! Era muy grande y larga, y muy gordita, y la tenía tan tiesa que parecía una regla y entonces me empujó al suelo con fuerza, pero yo no me resistí porque estaba pensando en mamarle la polla enterita y los pezones se me marcaron muchísimo, estaba excitadísima.
- ¡Desnúdate puta!
Me gritó. Y yo no lo dudé. Me denudé muy rápido y él se me tiró encima y, en vez de meterme la polla en el chochito mío, que lo tenía ya listito para él, me la metió de enterita en la boca y yo gemí y gemí. Y no paré de chuparla y chuparla.
Cuando me la sacó me dijo.
- Ay mamasita… ¿quieres saber lo que es gemir? ¡¡GIME PUTITA!! ¡¡¡GIME!!!
Y me empujó contra el suelo otra vez, y me puso del revés, y me la metió por la vagina, y yo grité de dolor y de placer, y la metía una y otra vez, y no paraba, y yo notaba como me excitaba más y más, y él también. Y entonces me dio la vuelta y lo hicimos de frente, y me mordió los pezoncitos que los tenía duros duros mientras me hacía gemir como nunca gemí antes.
- ¡OOH! ¡SII! ¡SIGUE PAPASITO, SIGUEE! ¡OOOOOH!
Y me cogió la mano y se metió mis deditos en el culo. Y empezamos a gemir los dos. Entonces él se comenzó a correr y sacó la polla, durita durita, y se iba a alejar de mí y yo me tiré encima y me metí su polla en la boca, y me tragué toda su lechecita que pude, y él me metió los dedos en la vagina, que no paré de gemir.
Y cuando ya no quedaba más lechecita suya nos separamos y él me dijo:
- ¿Qué, te gustó, putita?
- ¡Sí! – le dije – quiero más, papasito, enséñamelo todo todito, yo quiero mucha más de tu polla durita, papasito…
Él me calló con la mano y me puso de vueltas, y me dijo que me iba a enseñar lo que era ser una verdadera puta, y me la metió, toda tiesa y dura hasta dentro por mi ano.
Comencé a gritar como una puta y le pedí más y más, y cuando se me alejó y me dijo que no, me tiré encima y le mamé, y el se corrió en mi boca otra vez mientras me masturbaba con una cosa que tenía en las manos, y me corrí en eso.
Pasó el tiempo y cuando se vistió me dijo que si quería más echara a mi mamita de casa mañana a las 7. Y yo le acompañé hasta la puertita y le supliqué que me follara una más, y él me dijo que le hiciera algo nuevecito, que si no se iría.
Yo me tiré encima suyo, toda desnudita y bañadita de su semen, y le dejé que me chupara todo mi chochito y cuando se puso cachondo le metí mis dedos en el culo, y me pidió más y acabé montada encima suya, con mi mano enterita enculándole, y él gritando de placer mientras con mi otra manita me masturbaba y gemía yo también.
Luego se fue y me dejó allí, sola, pero con una invitación.
Así perdí mi virginidad, pero cuando me sorprendí fue cuando estaba limpiando el estropicio y me encontré con una berenjena llenita de cuando me masturbó mientras le mamaba, y la cogí y me la metí lentito, probando.
Y luego más y más rápido y sentí mucho placer y me puse a chillar como una puta de nuevo, y entonces sentí que alguien me empujaba para atrás y me enculaba, y estuvo encima mío como tres minutos y yo gemía y gemía y se me corrió y cuando me volví le vi que era mi novio, que me sonrió:
- ¿Habías empezado sin mí, eh putilla?
Él nunca me había llamado así y me gustó y volví a empezar, le hice a él otra mamada y él me masturbó con la berenjenita y luego me folló de espaldas y yo le enculé con los deditos, pero no me dejó meterle la mano enterita.
Entonces yo le tiré al sofá y cogí su pollita, que no era tan grandecita y sabrosa como la del tío Richi, y le comencé a masturbar. Luego siguió él y yo comencé a enseñarle lo que me hacía con la berenjenita, y luego le dejé chupar mis tetonas y morder los pezoncitos que estaban muy rectitos, y le dejé que me enculara y que me follara más y más, y luego, a las 12, se fue también muy contento, y yo me quedé allí tirada en el sofá, como una puta, y me sentí bien, y estuve masturbándome con los deditos y con la berenjenita hasta que me dormí.
A la mañana siguiente limpié todo, y me volví a masturbar en mi cama, la manché todita, porque no paraba de pensar en el tito Richi y en correrme.
¡Qué polla más grandecita y sabrosa! Cuántas ganitas de volver a verle para pasármelo bien.
Esa vez fue cuando perdí la virginidad con mi tito Richi.